El primer herido

Daniel Ramos

La vida es incomprensible. Demasiadas veces suceden cosas que no queríamos que sucedieran y que no somos capaces de entender. Incluso nosotros mismos nos comportamos de manera extraña con más frecuencia de la que nos gustaría. Queremos tenerlo todo controlado, ser dueños de nuestros actos y de nuestras palabras y de repente un buen día decimos o hacemos algo inconveniente que termina teniendo consecuencias devastadoras.

Y para colmo, resulta que si lo analizamos fríamente, al final no era para tanto pero se mezclaron varios factores que lo hicieron más explosivo que una bomba. Y todo sin que seamos capaces de mostrar ni el más mínimo control sobre lo que está sucediendo. Algo así es lo que pasa en muchas peleas de pareja o de familia, se nos va de las manos y caemos derrotados víctimas de la absurda e incomprensible incapacidad de empatizar que todos tenemos. Porque nos creemos muy súper poderosos y pensamos que somos el ombligo del mundo, pero a la hora de ponernos en la piel del otro qué poquitas veces acertamos.

Es como si ponernos en la piel del otro nos diese asco, o vergüenza, o todo junto porque vemos nuestras miserias reflejadas con toda su intensidad, como en una suerte de espejo diabólico que nos devuelve una imagen limpia y clara de lo que somos. De otra forma no se entiende que no seamos capaces de hacer algo tan sencillo y que tantos problemas nos evitaría como practicar la empatía.

Luego, como en todo, hay gente más propensa que otra a la hora de meterse en líos insospechados. Yo, por ejemplo, tengo un imán y suelo decir y hacer cosas que, sin yo saberlo, resulta que son mortíferas y terminan haciendo un daño que jamás hubiese deseado. La víctima suele ser la familia porque, en este caso, mi chica ya está vacunada contra mí y sabe lidiar con mis comentarios fuera de lugar, pero la familia me conoce menos y les suele pillar por sorpresa.

Por supuesto que no es excusa ni atenuante, pero yo soy el primer herido en estas escaramuzas. A la noche siguiente no puedo dormir pensando en que debería haberme callado y no haber dicho tal o cual estupidez. Lo bueno es que no me cuesta reconocerlo y suelo ser rápido a la hora de pedir disculpas y lo malo es que algún día se cansarán de mí y de mis disculpas que, por repetidas, ya no serán válidas ni aceptables.

 

 

 

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18 thoughts on “El primer herido

  1. Hola, aceituno. No creo que se cansen nunca, sí se enfadarán pero.. Todos tenemos nuestros puntos débiles y por mucho que se intente podemos fallar, no somos seres perfectos, ni ellos, ni tu ni yo. Aceptar y sí no ellos se pierden una gran persona con fallos y virtudes. El colegio terminó, ahora nos vemos con tantas cosas buenas pero algunas que no controlamos. Pedir perdón (de verdad) nos acerca unos a otros. Si te quieren y ya te conocen, pues qué se le va hacer. Mientras tanto tú te das cuenta de ello, intentas que la próxima vez no ocurra, quizás entonces un día te des cuenta de que en una conversación preferiste callar o moderarte y te alegres de haber medido tus palabras. Tu chica tiene alta inteligencia emocional, y además el amor sabe perdonar… Una y otra vez. Pero eso si, intenta con más fuerzas. Ehhh?😇

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  2. Tratar de vencer el mal con el bien, eso es lo que cuenta y como ha dicho María Jesus, los hechos, ante todo, son más importantes.
    Cometemos demasiados errores, debemos seguir esforzándonos por no caer vez tras vez, como dice Carmen, También es más fácil repararlos antes de que se ponga el sol y pasen más días.
    Saludos cordiales

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  3. Esto lo veo por el lado de la vida personal pues la gente anda por ahí siempre opinando y también la familia a veces lo hace cuando esas decisiones son solo propias e individuales, y es cuando a veces uno e calidad de defender su punto de vista hiere a los demás, suele pasar y asi me sonó tu texto, aceituno tu honestidad y precision siempre hacen que no deje de leer lo que escribes saludos buena vibra

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  4. Tú lo sabes mejor que otros por la situación que atraviesas. Somos humanos y, en consecuencia, erramos.
    Estoy segura de que los demás no sufren tanto como sufres tú al herirles inconscientemente.
    Puede que el perdón te lo debas a ti mismo.

    Un abrazo.

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  5. El primer herido indudablemente eres tú, aunque en las guerras suele haber daños colaterales que pasan a un segundo (o tercer) plano por la magnitud de las heridas del principal soldado de la batalla. Pero por ello no dejan de ser importantes, la pena es que no sean capaces de curarse sus propias heridas y restablecerse sin más.
    En cualquier caso, sean daños mayores o menores, una tirita y un “sana, sana, culito de rana” todo lo curan para esos pobres peones de la guerra que se dedican en cuerpo y alma a defenderte en cada una de las escaramuzas. Y en este caso estoy segura de que así será 🙂
    Un beso enorme para los dos.

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