Estado de ploff

Una vez más os muestro un poco de gente corriente haciendo lo que hace la gente corriente en un parque. Cosas sencillas y cotidianas que sirven para distraernos de los problemas diarios, aficiones forjadas con los años para paliar los momentos de soledad. A mí se me agotan las opciones.

El cansancio acumulado de la quimioterapia es tan profundo que es muy difícil hacer cosas. Cada día hay varias horas en las que me quedo en estado de ploff y no puedo ni levantar un dedo. Entonces duermo y la vida pasa por mi lado sin que me de cuenta de ello. Es verdad que hay momentos en los que estoy bastante bien, pero solo por las mañanas y un par de horas por las noches (y no todos los días). El resto del tiempo tengo encima una losa de mil kilos imposible de mover. Y lo peor es que me da la impresión de que la cosa va a peor y ese aplofamiento es cada vez más evidente y dura más.

Contra él no puedo hacer nada más que rendirme, así que me dejo llevar sin calentarme demasiado la cabeza y duermo. Y al dormir sueño. Sueño mucho, más que nunca. Yo antes no recordaba los sueños y ahora sí. La otra noche soñé que estaba despierto, en mitad de la noche sin poder dormir. Era horrible porque al despertarme me encontraba con que estaba despierto,  en mitad  de la  noche sin  poder  dormir. Una especie de bucle que no me dejó tranquilo durante un par de horas al menos.

Porque dormir no es solo cerrar los ojos y disfrutar. Para mí supone muchas cosas porque son horas que le quito a la vida y porque los sueños son despiadados y muy vívidos, los recuerdo con mucha claridad y en todos los casos se repite la circunstancia de que, sueñe lo que sueñe, en el sueño no tengo cáncer, de manera que al despertar me encuentro con la realidad y por muy espantosa que sea la pesadilla nunca es peor que el fatídico despertar.

Así que estoy en un callejón sin salida de nuevo. Otro bucle casi existencial. Con lo bien que estaría yo montando en bici o en piragua. Pero no. Ni siquiera puedo aspirar a llegar a viejo y dedicarme a supervisar las obras de mi barrio. Para mí la fiesta parece que se va a terminar antes de lo previsto así que, mientras dure, debo hacer lo posible por reír mucho y comerme poco el coco. Estos post no cuentan porque están precisamente para eso, para desahogarme y que luego pueda llevar una vida sin estar triste o enrabietado con el mundo. Son como unos contenedores gigantes de emociones negativas. Al volcar aquí toda la porquería que genera mi mente, me quedo limpio y liberado para poder ir a la cama con mi chica y decirle cuánto y porqué la amo tanto, sin dejar escapar esas peligrosas lágrimas que todo lo estropean.

Así que allá voy. Espero que nadie se sienta usado aunque sea la pura y santa verdad.

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16 thoughts on “Estado de ploff

  1. Ayer mientras llovía torrencialmente acá, dejé chapotear en el agua a mi bebé !!! mientras veía su cara de felicidad y de libertad pensé todo el momento en ti..!! espero que te haya llegado un poco de buena energía!. Un abrazo

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    1. A ti te utilizo de muchas formas. Algunas de ellas ni te das cuenta. Otras sí y otras son formas que llevan siendo así desde que naciste y que no tienen que ver con mi enfermedad.
      Un beso enorme a mi rubia.

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  2. Es un verdadero placer que la gente, los demás, nos usen. De otra forma, ¿para qué serviríamos entonces…? ¡Vaya vida, ahí arrinconados, sin que nadie nos usara, como la bicicleta estática, los patines en linea, la colección de libros de cocina, o las herramientas del jardín que ya están oxidadas… ¡Anda, no seas malo y úsanos, aunque nos desgastes el cuerpo, aunque nos desgastes el alma, que nacimos para eso, para ser gastados, para ser usados, para servir para algo o para alguien…
    A mí, como hombre que soy, me gusta mucho que me usen. (Vaya, esto ha podido quedar un poco machista y no es de mi forma de ser, así que corrijo: A mí, como persona que soy, me gusta mucho que me usen… Así, así está mucho mejor)

    Abrazo fuerte, de un usable empedernido…

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    1. Usable empedernido… jajaaj… me gusta. Interesante tu “apología del usamiento”. Te haré caso y lo seguiré haciendo como hasta ahora. Muchísimas gracias por dejarme y no solo dejarme sino, además, alentarme a ello.
      Te mando un abrazo enorme.

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  3. Comencé siguiendo tu blog por tus fotografías, que me encantan, y ahora que leo con detenimiento tus artículos me gusta aún más tu blog. Me encanta tu estilo sencillo, de compartir lo que sientes en ese momento con todos y me parece catártico y a la vez valiente.

    Desde hace años tengo un blog y sé lo importante que es ese espacio de contacto con otros. Para mi no hay mejor terapia que escribir y sé que ayuda tanto como todo lo demás que contribuye a tu recuperación.

    Saludos desde Venezuela.

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    1. Me alegro muchísimo de que te gusten mis fotos y mis textos. Es un placer. Y tienes razón en que el blog ayuda a la recuperación. Yo siento que a mí me sirve, así que seguiré mientras pueda. Es un placer tenerte por aquí. Te mando un abrazo enorme.

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