Condenados a entenderse

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Decía Nietzsche que “la vida, sin arte, sería un error”. Bueno, son muchísimas las frases que existen por ahí sobre la importancia que el arte tiene para los seres humanos, pero ésta en concreto me gusta especialmente por venir de quien viene y porque habla de “error”. Interesante. No dice que la vida sería aburrida, simple, plana… no. Dice que sería un error. Ante esto, cabe preguntarse ¿un error de quién? ¿de los humanos por vivirla? ¿de Dios por crearla? ¿de los artistas por no hacer su trabajo? ¿del Destino? Ni idea. No lo sé y no tengo ganas de ponerme a divagar sobre el asunto porque la mente de Nietzsche no es precisamente un lugar al que uno pueda asomarse en chanclas y pantalones de estar por casa. En todo caso me quedo con la idea del error. Me gusta. Me resulta interesante incluso sin saber exactamente a qué se refiere. Y, por supuesto, estoy totalmente de acuerdo. El arte es esencial para la vida.

Parece una obviedad, lo sé, pero me temo que, por desgracia, no lo es. Todavía queda muchísima gente que considera que el arte es un pasatiempo, una diversión, un entretenimiento al que acudir cuando tienes tiempo libre. Por supuesto esta misma gente opina que los artistas deberían buscarse un trabajo en vez de andar por ahí haciendo el vago y así podrían comprarse ropa nueva e ir a la peluquería, que hay que ver cómo están los pobrecitos, todos sucios y con esas greñas que es que da cosa mirarlos. Paradójicamente esta misma gente es la que luego hace posible que el arte exista gracias a sus aportaciones económicas en forma de donaciones, subvenciones, patrocinios, etc.

Hablo, naturalmente, de la gente de derechas, gente frívola que no se para a pensar en la vida de los demás y que considera que las cosas se hacen a su manera o no se hacen, gente que no entiende que una mente creativa necesita espacio, tiempo y silencio para poder crear, que necesita vivencias, salir, conocer el barrio, dar la vuelta al mundo para poder volver al barrio, para compartir conocimientos y experiencias, para sentirse vital, poderoso y con ganas de contar cosas. Si no se movieran de casa, los artistas difícilmente crearían obras potentes, sinceras, vanguardistas y singulares. Aunque hasta para eso hay excepciones y también hay artistas que han forjado toda una obra sin salir de su barrio. Cada mente creativa es un universo en sí misma y no le podemos poner puertas al campo. La libertad es lo más importante para que un creador empiece a plantearse seriamente en la posibilidad de dedicarse a ello, libertad de horarios, libertad económica, libertad de espacio, libertad de contenidos, libertad de formatos, libertad de compañeros de viaje, libertad, libertad y libertad.

Pero, claro, la derecha no se siente muy a gusto con tanta libertad y tanto despiporre porque les aterra perder el control sobre el dinero y sobre las ideas. Prefiere que esté todo supervisado bajo la atenta y oscura mirada del inquisidor, con poder para interferir en todo lo que hace, dice y hasta piensa el artista. Desde que existe una mente creativa, existe también un derechón que la censura. Es inevitable porque la mente creativa es capaz de decir y hacer cosas que al gran público le suenen raras e incluso ofensivas, por eso el inquisidor debe evitar que llegue la sangre al río y cortará de raíz cualquier intento de salirse del carril establecido, aunque luego sea él mismo el primero en comprarse el disco o en ver la película.

Y así será la cosa hasta el final de los tiempos, me temo. Siempre existirán esos dos bandos uno que propone porque tiene las ideas y el otro que dispone porque tiene los dineros. Es cierto que últimamente se han acortado las distancias y la censura ya no tiene tanto poder y tanta actividad como en otros tiempos, pero sigue y seguirá existiendo de una forma u otra. Una vez más vemos a dos enemigos condenados a entenderse.

Para terminar, hoy os traigo más imágenes del rastro. Es un universo inagotable, la verdad, aunque a mí ya se me han agotado las fotos (hasta la próxima vez que vuelva a asomarme por allí). Por cierto, si alguno de vosotros tiene pensado acercarse al rastro a tomar fotos le quiero pedir un favor: pedid permiso a los dueños de los puestos antes de tomar la foto. La inmensa mayoría os dirá que sí y eso permitirá dos cosas: UNA que las fotos os salgan más bonitas porque podréis tomaos vuestro tiempo para trabajar bien el momento y el ángulo de la toma y DOS, que los tipos no se enfaden y nos sigan permitiendo tomar fotos libremente.

En este caso nosotros seríamos los artistas y ellos los censores. Guerra abierta, paz obligada.

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2 thoughts on “Condenados a entenderse

  1. A la derecha sólo le gusta la libertad para gastar el dinero de los demás. Resulta curioso, porque es de eso precisamente de lo que acusan a la izquierda, de gastar el dinero que no es suyo, como si el dinero que ellos tienen lo hubieran recolectado de un manzano silvestre. Libertad para hacer negocio a costa de lo que sea. La peor de las dictaduras es lo que es. En fin…
    En cuanto a la frase de Niestzche, yo la entiendo en el sentido de que sin arte el mero concepto de vida sería un error, porque vida y arte son términos sinónimos, simbióticos. El uno no puede existir sin el otro.
    Un abrazo.

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