Veo veo

Todavía queda gente desesperanzada al otro lado de esa alambrada. No todos vinieron a morir aquí, de manera que no os hagáis ilusiones porque tarde o temprano cruzarán y nos veremos realmente desbordados. ¿Pero es que no os dais cuenta, malditos perros estúpidos, de que no hace tanto la situación era la contraria y éramos nosotros los que cruzábamos hasta sus tierras a mendigar un pedacito de futuro?

Veo muchachos fuertes y hombres forjados, pero sobre todo veo a los más débiles, veo mujeres y veo niños y veo que son los primeros en caer, muchos de ellos antes de llegar, desfallecidos con tan solo pensar lo que se les viene encima.

Veo que no existe la calma después de esta tormenta y que lo mejor nunca está por llegar.

En estas condiciones lo más sensato sería arrimarse a los más fuertes para intentar sobrevivir, pero veo que ellos a duras penas pueden consigo mismos, como para pensar en ocuparse de alguien más. Imposible. Veo miradas vacías y huecas, ojos alucinados que no dan crédito a tanta mala suerte, veo labios resecos, moscas hambrientas, sonrisas inexistentes y un pensamiento común: la vida, para una que tengo y me toca vivirla así.

Veo que en el fondo no soy tan diferente de los “malos”, veo mi egoísmo y mi vanidad, veo como los de este lado de la alambrada nos sentimos superiores solo porque tenemos comida y libros, techo, televisión y medicinas. Veo gobiernos que dan la espalda a los que necesitan ayuda y gobernantes que se lavan las manos con el cinismo dibujado en la cara. Veo armas y veo traficantes de personas, veo barcos varados para siempre en la oscura playa de la desigualdad y veo un par de ojos verdes pequeños y redondos, frágiles como el vidrio fino, llorando en silencio incapaces de soltar lágrimas, a punto de morir deshidratados.

El perdón no es suficiente y siempre llega demasiado tarde. La situación es incontenible y ya se nos ha ido de las manos. Son decenas de miles cada día, cada semana, cada mes. Pequeñas pateras o enormes barcos repletos de personas que van en busca de lo más básico, de la supervivencia, de una oportunidad en la vida.

Pienso en todo esto, cierro los ojos y veo cosas que preferiría no haber visto.

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8 thoughts on “Veo veo

  1. Es una tragedia diaria, y que hace años presencié por desgracia -y en contraposición- desde el apartamento donde cómodamente veraneaba en un pueblecito de Las Palmas de Gran Canaria. Las dos caras de una misma moneda. Y jamás olvidaré, estoy segura, de aquellas “sombras” delgadas, tan altas que sobresalían entre toda el remolino de gente que había alrededor. Vagaban perdidos, otros se les veía desde lejos rígidos. Además de barcas de pescadores, Salvamento Marítimo, Guardia Civil; etc. En días como esos, empezar así, hace que eches el resto dando las gracias internamente por todo lo que acontece, la verdad. Pero al final “olvidamos” y volvemos al egocentrismo diario. En lo que nos hemos criado, ¿no? Sabemos que existe, pero cómo no nos toca ni por asomo…

    Aquellos años eran de bonanza. Y esa bonanza reclamaba; como gran argumento por parte de las Administraciones no sólo nacionales, sino europeas. El superávit pasó de largo -también deprisa por el tren de vida, un ritmo de “Ave”-, y tornó en flaquísimas vacas. Concretamente, en España, se le nombrará “conejos flacos” (por aquello de la recomendación en Navidad)… En fin, lo que todos sabemos. Pero ellos, los más débiles como bien has calificado, siguen viniendo en miles; y no sólo aquí, Italia, Francia, incluso ¡Grecia! recibe miles de miles de miles. Cientos de miles llegan a la demacrada y vieja Europa. Se preguntarán, ¿qué bonanza ven todavía? Ciegos de que allí la situación es tan kafkiana y cruenta que cualquier atisbo de sociedad democrática y con oportunidades -por, repito, restada que esté-, es un maravillo paraíso por el que, incluso, merece la pena jugarse la vida propia y la de los hijos. O los venideros; no son pocos los casos de mujeres embarazadas también que se embarcan.

    Pero con esto, no creo que añada nada nuevo al asunto. Ni mucho más profundo de lo que ya has expuesto… Desde que este país está como está, y no puede ofrecer apenas coberturas ni a los que llegaron a levantar este trozo de tierra de entre escombros y un caos bastante turbulento, no puedo evitar, ante esta realidad, reflexionar. Porque nos es más fácil situarnos en el lugar del débil, por inteligente que sea arrimarse al fuerte; me viene a la cabeza… las personas por naturaleza nacemos con la condición de ser social, e igual que los primates, tendemos a ayudar a aquellos en peor situación, y formar alianzas de colaboración. Muchos estudios demuestran que el ser humano, contra toda creencia -occidental, por cierto- es generoso por naturaleza y no egoísta o malo. Por esto mismo, pregunto, ¿No es inhumano, al final, ofrecer garantías a aquellos desesperados, cuando no podemos si quiera mantener nuestra sociedad bien atendida? ¿No es cínico mirar hacia fuera, como ejemplo de hipocresía y mal hacer o egoísmo, cuando no hemos sido capaces de dar todas las oportunidades necesarias a nuestra propia sociedad? ¿No es poco realista, al final, pretender dar cuando no se tiene?

    No es casual, que aquellos que logran cruzar la alambrada acaban siendo carne de cañón para mafias, explotadores; acaban siendo invisibles al sistema tras una larga estancia en centros más bien parecidos a cárceles, y acaban alargando el sufrimiento que comenzó con su viaje por el mar, por no poder vivir como ellos pensaban que podrían vivir. ¿No es poco realista también obviar lo que pasa en sus caminos, por lo muy general, tras cruzar la alambrada? ¿Realmente es eso una oportunidad? A mi me gustaría, que de poder darlas, fueren reales. Pero para ello, primero, ha de cambiarse todo el país internamente; no sólo es un problema de Estado, sino de mentalidad. No asumimos realmente lo que significa la situación que nos ha tocado tragar; mi conciencia no me permite abrir las puertas de mi casa, cuando en ésta sólo existen problemas y otras miles de miles de tragedias, carencias y falta de oportunidad. No sin haberlo solucionado. Y en mi conciencia, pesan, las tantas almas que vagan por haberse creído que lo que podemos ofrecerles, se llama oportunidad.

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    1. Entiendo tu reflexión. Es lógica. Poca solidaridad se le puede pedir a quien nada tiene que ofrecer. Curiosamente, acostumbran a ser sociedades más solidarias las que carecen de riquezas materiales. Lo que pasa es que han coneguido lavarnos el cerebro hasta el punto de que España no puede permitirse acoger a más personas necesitadas mientras, precisamente en los años de la crisis, el número de millonarios aumenta al ritmo más alto de toda Europa. Eso sí que lo podemos permitir… Podemos permitir, aceptar, porque es lo que hay, que las grandes empresas y la banca aumenten sus beneficios año a año a costa de unas condiciones laborales miserables y recortes en los servicios públicos, un lujo, por supuesto, que no podemos permitirnos porque “no hay dinero para pagarlos”. Lo aceptamos. Y entonces, cuando aparecen nuevas opciones políticas que se atreven a cuestionar esos mantras, son terroristas bolivarianos cuyas propuestas están fuera de toda lógica democrática.
      La conclusión es tan triste que horroriza: las personas son prescindibles.
      Y luego está esa concepción nacionalista del ser humano, según la cual yo debo sentirme más cercano a mi vecino, aunque sea un cafre, que a cualquiera que no sea español. Pues no. A mí me dan igual la procedencia y el color de la piel. En mi concepción (ingenua, vale) de la humanidad, es exactamente igual el inmigrante que llega exhausto a cualquier playa canaria o andaluza, o el que intenta saltar la valla de Melilla, que mi vecino, por muy español de pura cepa que sea y por mucho que se emocione con los goles de “la roja”.
      Yo niego la mayor: sí hay recursos para evitar esos espectáculos vergonzosos, esos cadáveres flotando en el Mediterráneo. Todo empieza, está claro, por permitir que en sus países de procedencia se pueda desarrollar la democracia. No me voy a poner a disertar sobre las causas de guerras, hambrunas, etc., pero es evidente que Europa algo tiene que ver en ello. Aunque sólo fuera por limpiar nuestra conciencia ya habría motivos más que sobrados para tratar a esa gente no como pedazos de carne invasora sino como personas con nuestros mismos derechos.
      El problema, claro, es que si quienes dirigen el cotarro tratan como pedazos de carne a sus propios conciudadanos, ¿cómo van a tratar a los pobres “negritos” pordioseros?
      Saludos.

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      1. “Yo soy español integral, y me sería imposible vivir fuera de mis límites geográficos; odio al que es español por ser español nada más. Yo soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista abstracta por el solo hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos. El chino bueno está más cerca de mí que el español malo. Canto a España y la siento hasta la médula; pero antes que esto soy hombre de mundo y hermano de todos. Desde luego, no creo en la frontera política”. Federico García Lorca (http://www.laopinioncoruna.es/cultura/2010/01/03/ultima-entrevista-garcia-lorca/347503.html)

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