Cuarto y mitad de buen rollo

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Hoy tengo cuarto y mitad de buen rollo para regalar. La única condición es que no me pregunten porqué, más que nada porque no sabría qué responder. A veces sucede ¿no? Estás convencido de algo pero no sabes los motivos. Es como los deseos y las necesidades. Yo no tengo ningún tipo de responsabilidad cuando me entra sed, por ejemplo. No es que yo decida que quiero beber agua, sino que esas ganas llegan solas, sin avisar y sin que puedas hacer nada al respecto más que atender la necesidad y satisfacerla en la medida de lo posible.

Desde este punto de vista, la verdad es que uno tiene poco que ver con las decisiones que toma en la vida porque muchas de ellas responden a una necesidad que se crea en algún lugar del universo: en algún punto recóndito y misterioso del cerebro o del alma, se activa una lucecita que dice que tienes calor, o hambre, o que estás aburrido, o que te apetece seguir leyendo esa novela tan entretenida, o que quieres ser bailarín… y entonces no tienes más remedio que poner el ventilador, o comerte un bocata, o salir a dar una vuelta, o coger el libro, o estudiar en el conservatorio de danza. Aunque, claro, esto solo sucede con los deseos que nacen en las entrañas mismas de nuestro ser, deseos poderosos que inmediatamente pasan a ser necesidades.

No todo lo que uno desea se convierte en algo necesario. También sucede en ocasiones que los deseos son banales y superfluos, simples caprichos mentales que jamás podríamos considerar como necesidades vitales. Entonces ya se pone en juego toda la maquinaria del ser humano que somos y nos empezamos a comportar como unos auténticos energúmenos, anteponiendo esos estúpidos caprichos a todo lo demás. Así nace la política, por ejemplo, y con ella la corrupción y el deseo de poder. Ningún político hará jamás aquello que es simplemente necesario, porque en la definición de político va implícito que lo que hace lo debe intercambiar por alguna otra cosa, aunque claro, según ellos su existencia es necesaria para organizar y gestionar la vida en sociedad. Es posible. Pero no dejan de ser políticos y, por tanto, interesados, negociadores, amantes del poder y casi siempre corruptos.

No me quiero ir por las ramas ni encabronarme pensando en política. Si he comenzado el post regalando cuarto y mitad de buen rollo ha sido simplemente por gusto, porque sí, porque me apetece que hoy sea un buen día y quiero sentirme rodeado de energía sana y positiva. A veces me parece que solo es cuestión de desearlo. No sé dónde leí que si quieres encontrar alegría en el lugar al que vas es mejor que la lleves contigo porque puede que allí no haya. Interesante. También leí no se dónde que cuando vas por la vida con una sonrisa te sientes mejor. Y es verdad, probadlo: cuando os acordéis sonreíd, así, sin que nada os haga gracia. Ya veréis cómo a los 10 segundos os encontráis casi felices. También dicen que sonreír quema calorías, así que lo mires por donde lo mires es beneficioso.

Así que este post en el fondo es eso, una sonrisa que he decidido dibujar en mi rostro esta mañana, así de simple. Bueno, eso y una serie de fotos de Alcalá de Henares que no tienen nada que ver con lo que he escrito pero que me apetecía compartir. Ojalá alguien se contagie y sonría sin que nada le haga gracia. Porque, seamos sinceros, yo soy muchas cosas, pero gracioso creo que no.

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11 thoughts on “Cuarto y mitad de buen rollo

  1. Ya leíste mi entrada del lunes, yo me levanto con una sonrisa para que al menos ese momento no me lo estropee nadie. Gracias por compartir tu energía positiva con nosotros. Yo comparto la mía. Te mando un caluroso abrazo y que tu rostro dibuje la mejor de tus sonrisas.

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  2. ¡Cuarto y mitad, y kilo y medio…! Que no falte el buen rollo, Aceituno. Hay veces que se tiene gracia y no se es gracioso, no es necesario. Pero lo más importante es el buen rollo, por supuesto.
    Y la serie de Alcalá, muy buena…

    Un abrazo

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  3. Las imágenes son preciosas, el llamador es increíblemente bello! Hace tiempo hice un curso yo sola en casita en el que tenía que sonreír estirada en mi cama. Jajajaja, realmente funciona! Pero así sin más, sonreír me producía una tensión en las mejillas… luego al cabo del tiempo decidí encontrar mi sonrisa y aquí estoy, a pesar de muchas cosas, que yo diría no a pesar, sino con esas cosas que no son lo que mejor me ha ocurrido… sonrío, porque si no… quién lo hará por mí. Es mi tarea. Y Gracias, Aceituno!

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