un bonito verso

Una imagen sencilla, con muy pocos elementos, capturada al vuelo y sin posibilidad de preparación alguna. De hecho no tengo más, no hubo posibilidad de realizar más tomas porque la monja llegó de repente y se fue de ahí en seguida. Yo estaba a unos siete u ocho metros de ella y, cuando la vi, me dio el tiempo justo de encuadrar, enfocar y disparar. Recuerdo que ni siquiera medí la luz, simplemente aumenté la velocidad del obturador y disparé.

Tenemos básicamente cuatro elementos en la imagen: la monja, el brócoli, la luz y la sombra. Interesante combinación. Podríamos hablar de la fuerza y el magnetismo del brócoli divino, de la expresión tan concentrada y profesional de la monja, acostumbrada sin duda a hacer la compra y seguramente a cocinar para toda su congregación, de ese brazo que se adentra en las profundidades de la selva brocoliana en busca de la col perdida y hasta de lo gordita que está la hermana que unido a cierto rictus de extrañeza en su rostro, nos hace pensar que tal vez sea la primera vez en su vida que va a comer brócoli, iniciando así un régimen que la alejará por unos meses de los manjares propios de su casta, a saber, corderos, patos, pichones, faisanes, perdices, cabritos, cochinillos, terneras, conejos y palomas torcaces, todo con ensalada, por supuesto, nada de patatas fritas, que ya sabemos que la gula es un pecado capital y no se debe caer en ella. Vade retro.

Además de la monja y el bróculi, en la imagen tienen mucho protagonismo la luz y la sombra. Ese contraste es, a mi juicio, lo que enriquece esta fotografía y la hace atractiva. El bendito rayo de sol que se filtraba por el tejado del mercado parece estar dirigido a propósito hacia su objetivo, dejando todo lo demás a oscuras y tan importante es una cosa como la otra. Si no existiese la luz, no existiría la oscuridad y viceversa. Las tinieblas no son más que la cara oculta de la luz. Lo mismo podemos decir de cualquier otro aspecto de la vida. La enfermedad, por ejemplo, no es más que la cara oculta de la salud. Es necesario que los opuestos estén unidos para poder existir y darse sentido y coherencia mutuamente, por eso también afirmo que yo estoy enfermo y sano a la vez. No podría estar enfermo si no estoy sano, de la misma manera que no puede existir el mal sin el bien. Y además cada uno se consuela como quiere ¿no? Pues eso.

Sí, ya se, soy consciente de que es simplemente filosofía barata, de esa de andar por casa, pensamientos comprados en el todo a cien de la sabiduría que no nos llevan a ninguna parte y no servirán para iniciar ninguna revolución intelectual ni provocarán un cambio masivo de conciencias, vamos, ni masivo ni insignificante, ni de ningún tipo. Son divagaciones de alguien que tiene el tiempo suficiente para divagar, nada más que eso. Me gusta aclararlo de vez en cuando porque a veces cuando releo lo que escribo parece que estoy dando lecciones y no me gusta esa sensación. No es mi objetivo dar lecciones ni consejos a nadie. Mi objetivo no es otro que transformar en palabras toda la rabia que llevo dentro, sincerarme conmigo mismo y dejar que los que me quieren y me cuidan me conozcan profundamente y sepan qué es lo que pasa por mi cabeza y mi corazón. Porque a veces cara a cara es mucho más difícil ser sincero y en el blog, además, tengo el tiempo necesario como para no dejarme nada en el tintero. Vaya, me salió un bonito verso, ideal para terminar el post de hoy.

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