imaginando un mañana

Así me veo, intentando sobrevivir en un mundo hostil, sacando fuerzas de donde no las hay para no sucumbir y verme derrotado. Y lo hago fundamentalmente por tres razones: porque quiero vivir, porque no quiero que mis seres queridos sientan mi pérdida y porque sé que sabría aprovechar una segunda oportunidad. Pero, claro, no sé si la merezco, ese ya es otro cantar. ¿Quién decide si esa plantita merece vivir? Nadie. Nadie lo sabe y nadie lo decide, creo que ambas respuestas serían correctas. En mi caso sucede lo mismo. ¿Quién decide si merezco una segunda oportunidad?

Dejo la pregunta flotando en el aire, como flotan los versos sueltos que el poeta jamás cantó.

Han sido unos días horribles, con mareos, náuseas, vómitos, diarrea, fatiga extrema, dolor de cabeza, dolor de huesos, dolor de alma, todo junto y a la vez cada cosa por separado. Un pequeño infierno producto del veneno que le están inyectando a mi cuerpo en ese intento casi desesperado por detener el inexorable avance del tumor. Pero yo no decaigo, no quiero, me niego una y mil veces a rendirme. Incluso en los momentos en que más derrotado me he sentido, he seguido viendo una pequeña luz que mantenía con vida todo lo demás, un punto que hacía posible el equilibrio de la escena y le daba sentido y coherencia.

Mientras tanto mis ideas flotan dispersas y confundidas, sin saber cuál será su destino final, al límite del desaliento y la locura. Quieren serenarse, posarse sobre una hoja en blanco o sobre un documento de word para comenzar a formar parte de algo, pero ese algo no termina de cobrar forma, se diluye inquieto entre la desesperanza y la cobardía. Me necesito. Necesito recuperarme, volver a sentir que estoy, que soy, que sigo, que quiero, que venga, que va, que sí, que se puede, que adelante, que vamos, que voy, que así sí, que me gusta y que lo voy a conseguir.

Y por supuesto con Carolina al lado, bien cerquita, cuidándome como si fuera su tesoro más preciado. Sin ella desde luego que no habría lugar para imaginar un mañana.

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7 thoughts on “imaginando un mañana

  1. Hola Aceituno.. a veces uno no sabe que decir, o en realidad quiere ayudar y no sabe cómo, al terminar de leer tus reflexiones mis ojos se han llenado de lágrimas, y no de pena.. eso no, no podría sentir pena por un valiente, al contrario es admiración, es orgullo, es conmoverme por ese amor tan grande que tienes a tu lado, sin duda Carolina no te cuida, no te ama COMO SI FUERAS, te ama te cuida como SU tesoro más preciado. y que esas sean tus fuerzas y ganas de vivir siempre querido Aceituno. Un abrazo con mucha fuerza. Mis cariños a los dos.

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  2. Esta foto es realmente preciosa. Te mando miles de abrazos con mucha serenidad y cariño. Espero que pronto estos efectos vayan desapareciendo poco a poco, para decirte “gracias por tu paciencia y valentía”, y allí, en un punto no muy distante estará esperándote una flor que crece, a pesar de ese mundo hostil.

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