¡que viva la vida!

No hay que rendirse. Sabemos que es imposible y aún así seguimos luchando sin saber muy bien porqué. No sé si es instinto vital o estupidez mental, una de las dos. En todo caso vamos hacia delante, cada día un paso más pero con la cabeza fría. No vamos en busca de un milagro. Eso sería una debilidad porque nos convertiría en perdedores inmediatamente y nuestra lucha no tendría sentido. No se trata de pelear por un fin sino, más bien, por un camino que todavía no está trazado y nos corresponde a nosotros hacerlo. Esa es la lucha, ahí es donde deben dirigirse nuestros esfuerzos, al pequeño gran mundo de nuestro día a día, a disfrutar lo que podamos en cada minuto. Son esas batallas las que queremos ganar. La guerra, desgraciadamente, ya está perdida desde el principio, nunca tuvimos opciones. La mala suerte se encargó de eliminar toda esperanza pero no podrá con nuestro afán por vivir. Perderemos la guerra, sí, pero ganaremos las batallas. Sólo con una bomba atómica final podrán imponerse. Mientras tanto seguiremos dándolo todo, pasito a pasito, dibujando un camino que nos haga estar orgullosos de nuestra experiencia en el mundo y que nos permita ser felices mientras haya fuerzas para recorrerlo.

Esto no es un mensaje pesimista y espero que no lo parezca. Es un mensaje dirigido a todos y todas, un grito triunfal que permite ganar cualquier batalla en cualquier lugar. Todos los seres humanos estamos condenados a desaparecer de este mundo tarde o temprano. Por eso hemos de aceptar que la guerra ya está perdida. Pero la vida hay que vivirla y cada día se nos presenta una magnífica ocasión para hacerlo. Sintámonos todos orgullosos y plenos por cada día que pasamos vivos, seamos conscientes de lo importante que somos para nosotros mismos, de lo necesario que es nuestro propio buen humor, nuestra música, nuestra poesía, nuestro desempeño con los demás. Vivamos y gritemos juntos ¡Que viva la vida!

Deberíamos intentar dar ejemplo con nuestra forma de entender el mundo a todos esos, más jóvenes o más débiles, que nos miran para aprender de nosotros y nos copian o nos imitan. Por ellos y sobre todo por nosotros mismos, no nos rindamos. Ganemos todas las batallas. Cada sonrisa, cada beso, cada te quiero, cada abrazo, cada mirada… esas son nuestras armas. Usémoslas. Vivamos.

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