desafiando a las matemáticas

          ¡Cómo me gustaría subirme a un tren! Lo haría como en los viejos tiempos, decidiendo mi destino en la estación, mirando el panel de salidas sin más condiciones que dejarme llevar por el poder evocador del nombre de las ciudades. Así lo hice en dos o tres ocasiones, saliendo desde Buenos Aires (en autobús, eso sí, pero para el caso es lo mismo…). Es una de las mayores sensaciones de libertad que recuerdo.

          Sí, parece que poco a poco consigo recordar algunas cosas. Lo malo son estas lágrimas tan espontáneas como molestas que comienzan a resbalar por mi rostro. Llorar en silencio tiene su encanto, lo reconozco, pero me nubla la vista y no me deja escribir. También me nubla el alma y no me deja ser.

       Entonces parece que no estoy preparado todavía para enfrentarme a mi pasado, a toda  aquella  libertad que derroché. Tampoco me veo mirando hacia adelante, soñando conmigo mismo dentro de unos años, viviendo en alguna isla tropical y dedicándome a bucear y hacer fotos todo el día… Quién pudiera…

          Tendré que conformarme con el presente. Al menos es un presente tranquilo y sin sobresaltos, un presente donde reina la paz. Algo es algo. Y realmente hay que darle su justo valor, porque perfectamente podría ser un presente tormentoso y no lo es. Hemos decidido que sea un hoy feliz dentro de lo que cabe. Un hoy en el que cada minuto cuenta. Un hoy donde saboreamos el amor desde perspectivas nuevas y donde las carcajadas son sustituidas por las miradas y las sonrisas. Un hoy en el que tomarnos de la mano nos llena de color el alma, en el que el silencio es protagonista y los planes son cada día. Un hoy valiente.

Un hoy nuestro, porque en esta aventura somos dos. Desafiando a las matemáticas somos dos que suman uno. Uno más uno es igual a nosotros. Y nosotros somos uno.

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3 thoughts on “desafiando a las matemáticas

  1. Es un hermoso texto el que te ha permitido hacer ese alma que se te nubla al tiempo que los ojos. La positividad con la que terminas es la mejor medicina, y ese hoy viviendo en paz.
    Presente, presente siempre, que no se te escapen los segundos de ese sentimiento en calma por recrearte en lo que he sido, he podido ser o hacer, en lo que seré.
    Un abrazo!

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  2. Gracias de nuevo por tus palabras, Isabel. La verdad es que siempre he sido de esos que piensan que hay que vivir el presente a tope, lo malo es que ahora me doy cuenta de que también es necesario echar la vista atrás y apoyarse en el pasado para seguir creciendo, e ilusionarse con el futuro para mantener viva la chispa del hoy.

    Así que mi tarea ahora no es vivir el presente, sino ser capaz nuevamente de mirar al ayer y al mañana. En ello estoy y con la ayuda de la gente cercana y de este blog lo voy a conseguir.

    Un abrazo grande….

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