la silla descolocada

Un pasillo vacío, seguramente en silencio ¿Cuánto tiempo hace que nadie lo transita?

Nadie lo sabe.

Sólo la imaginación y las conjeturas pueden responder a ese tipo de preguntas. El ser humano es así, incluso a partir de una fotografía fea y sin alma, es capaz de hacerse un montón de preguntas aun sabiendo que no tendrán respuesta. Incluso si la tienen lo más probable es que carezca de importancia.

“La curiosidad es más poderosa que la prudencia”, escuché decir alguna vez.

Yo, por mi parte, siempre he sido bastante curioso. Ahora me hago muchas preguntas, seguramente más que nunca, aunque no todas tienen que ver con la curiosidad pura y dura. Algunas son crueles y prefiero no formularlas en voz alta, las dejo para mí. Son las que tienen que ver con mi enfermedad, con el tiempo de vida que me queda, con el sufrimiento, el dolor y ese tipo de cosas.

Me hago las preguntas pero no me las respondo, ni hago conjeturas ni me como el coco, que bastante tengo ya con tratar de adivinar cuándo fue la última vez que alguien transitó el pasillo o quién fue el último en sentarse en esas sillas. Y sobre todo ¿porqué una de ellas está descolocada?

Desde que la vi por primera vez no puedo dormir de la inquietud que me produce. Es como si esa silla descolocada fuese la culpable del desorden general del universo.

He de pensar sobre ello.

Tal vez esté encontrando una de las claves del funcionamiento del cosmos.

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