bocadillos de mortadela

En ocasiones percibo que el tiempo se detiene. Es una sensación muy rara porque yo no me detengo con el tiempo, más bien al contrario: continuo hacia adelante, viviendo lenta pero inexorablemente.

Y así no hay quien pueda, chico, no hay manera de mantenerse estable.

La estabilidad es algo que, más temprano que tarde, todos terminamos buscando. Muy lejos quedan los viajes incómodos, las pensiones inmundas y los bocadillos de mortadela. La edad nos va igualando a todos y, con el paso del tiempo, preferimos volar en primera clase, dormir en hoteles caros y cenar en restaurantes de postín. No sabemos en qué momento se produjo el cambio, pero es evidente que llegó el fin de las aventuras. Ahora queremos saber la fecha exacta del regreso a casa.

Sí… parece confirmarse una cierta pérdida de romanticismo a medida que uno se va haciendo viejo.

El problema es que en ocasiones percibo que el tiempo se detiene. Es una sensación muy rara porque yo no me detengo con el tiempo, más bien al contrario: continuo hacia adelante, viviendo lenta pero inexorablemente. Mientras sea así, me parece que sigo prefiriendo los bocadillos de mortadela.

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