el color del camino

Da lo mismo el color del camino. Debemos confiar en que existe un lugar llamado final que responderá de manera más o menos eficaz a todas nuestras preguntas. Un punto allá, a lo lejos, donde convergen los miles de millones de dudas e incertidumbres que acumulamos a lo largo de la vida. Al llegar allí podremos echar la vista atrás y gozar nuevamente lo que hemos vivido y sufrir nuevamente con los errores cometidos.

Lo que pasa es que por más que uno avance ese punto siempre está en el mismo sitio, en ese lugar llamado “allá a lo lejos”, ese lugar inalcanzable y meramente utópico en el que uno finalmente se siente realizado y comprende la vida.

Así que, una vez más, llego a la conclusión de que lo importante es recorrer el camino, sin importar el color que tenga y sin apartar la mirada de ese punto final. Sólo así poblaremos nuestra vida de dudas, deseos, experiencias, ilusiones, malos tragos, esperanzas, errores, y ese larguísimo etcétera que supone el haber vivido con plenitud y valentía.

Yo ahora sólo vivo con miedo y con dudas, pero estoy casi seguro de que llegarán tiempos mejores. La energía que flota a mi alrededor parece estar convencida de ello.

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