reflexiones de un poeta malcriado

Imagino una vida penosa, una vida que de vida sólo tiene las cuatro letras necesarias para darle forma y poder pronunciarla, una vida insulsa, alejada del mundanal ruido y sumida en la frágil depresión que organizan cada dos días en el limbo.

Por eso le vemos de espaldas. Por eso nos oculta su rostro, reflejo (como todos sabemos) del alma. Por eso nos niega la mirada como quien niega el pan y la sal, de forma rotunda y contundente.

Me da por pensar que así debería vivir todo el mundo su vida:

de forma rotunda y contundente.

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